“Las Homicidas”, de Alia Trabucco

Las homicidas, Alia Trabucco Zerán

Crimen, arte, clasicismo y feminismo. Sobre todo feminismo.

Inicié este tumultoso 2020 junto a este libro: “Las Homicidas”, de Alia Trabucco (Chile, 2019). Entré a una librería sin buscar nada en particular, y este libro me encontró a mí. Amo ese momento en que sientes haber descubierto una joya que yacía ahí… esperándote. Me llamó la atención por tres motivos: Soy fanática de casos de crímenes reales, me dio curiosidad que fueran casos chilenos (conozco muy pocos), pero sobre todo que el foco fueran mujeres, y que sus historias fueran relatadas por una mujer. En estos relatos Alia Trabucco busca visibilizar la rabia histórica de la mujer que la ha impulsado a cometer crímenes, y de como el machismo les ha bajado el perfil, lo cual genera aún más rabia.

“La rabia, advierte [la filósofa Marilyn Frye], supone siempre la existencia de un agente que causa un mal. De allí que no sea legítimo, por ejemplo, sentir rabia con el cielo porque llueve. Se trata de una emoción que apunta con el dedo a una injusticia, no a una mera falta de fortuna, y admitir esa injusticia supone exigir una reparación.”

Tras el estallido en octubre del año anterior sentía mucha rabia en mi interior. La rabia es una emoción políticamente fundamental que surge como una reacción a una desigualdad, ante la cual millones de chilenos abrimos los ojos. Entre estas desigualdades estaba presente la causa feminista. No pueden y deben desligitimar nuestra rabia.

El libro trata cuatro casos de asesinas chilenas a lo largo del siglo XX:

Corina Rojas, que planeó el asesinato de su esposo, junto con otras personas, para poder estar con su amante. Rosa Faúndez, que descuartizó a su esposo y fue dejando sus partes esparcidas a lo largo de Santiago. María Carolina Geel, una escritora que disparó a su actual interés amoroso en pleno Restaurante del hotel Crillón. María Teresa Alfaro, una nana acusada de asesinar a tres de los hijos de su patrona, y también a la madre de ésta.

Corina Rojas, Roda Faúndez, María Carolina Geel, María Teresa Alfaro.

Este libro da a reflexionar sobre temas profundos; no se limita a ser una fuente de entretención basada en el morbo que generan las historias de homicidios. Basándonos en estos crímenes, cometidos por mujeres en distintas épocas, podemos observar la peor cara de la sociedad chilena. La sociedad. No las acusadas.

Tratan de deslegitimar la causa de los crímenes bajo el obsoleto concepto de “histeria y celos”, tratan de ocultar la rabia y así ocultar la existencia de una mujer peligrosa e independiente. Una mujer que no cumple con el rol estereotípico que tratan de asignarle: madre, dueña de casa, vulnerable, delicada, inofensiva. Una mujer que desafía la posición del hombre como el único capaz de demostrar violencia. Pareciese que, por retorcido que suene, el homicidio es un “privilegio” masculino.

“Si la historia del feminismo (…) es una historia de transgresión, incorporar a las desobedientes, a las aguafiestas, a las problemáticas y también a las homicidas, es una tarea necesaria.”

Disfruté mucho la lectura de este libro, que es en realidad un ensayo con una profunda investigación.

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